Siempre cinco para el peso. Siempre abrazo, nunca un beso, y ahora ni torta ni pan.
(
Ni este amor que nunca vio la luz) Sólo me quedan recuerdos de ese sueño momentáneo,
viejos tiempos de adicción.
A planteos poco cuerdos, al placer del desengaño, a la dulce confusión. Sólo me
queda el consuelo de
saberme muy tranquilo; yo ya sé que la peleé. Me pensaba que
era el ciego, me pensaba que era el pueblo, que era el tuerto y
que era el rey.